COMENZAR

“Pocos escritores realmente saben lo que están haciendo, hasta que lo hacen”

Anne Lammott

Muchas cosas te han sucedido: logros, llamados, amor, desilusión, bancarrota, alcohol o drogas, gordura o anorexia. Y, aunque parecen lejanos, los llevas en medio del pecho. De pronto, piensas que hay la posibilidad de una historia. Ese deseo de escribir te ha sido plantado por alguna razón. Deja que tu instinto te guíe, suéltate a la curiosidad, pues mientras te atrevas a crear y a afirmar, gastarás menos tiempo en aquello que te roba la energía y la autoestima.

Como el héroe que regresa a casa con el tesoro, es tu momento de compartir la sabiduría que lograste en tu travesía.

Por ahora, solo vamos a tocar las ideas y las ganas. Cero estructura y técnica literaria; por ahora, no son importantes.

Dedícate tiempo y amor

Tu mayor poder, después del amor, es el poder de crear; a ti misma, tu realidad y tu mundo. Hazte una promesa de dejar de operar en modo supervivencia, de posponer tu creatividad, de enterrarte en vida. Tú y tu historia son tu prioridad. Elizabeth Gilbert en su libro Big Magic dice “crea aquello que cause una revolución en tu corazón”.

Consigue un diario

Comienza por escribir un poco todos los días. Lo que sientes, lo que recuerdas. Si necesitas inspiración, mira en el apartado “Para la travesía”. Llevé diarios durante mucho tiempo. Son mi Baúles de los Recuerdos que abro para encontrar y fueron la fuente de todo aquello que creí olvidado.

La técnica de escritura salvaje o escritura automática ayuda a evitar el censor que llevas dentro y dejar que fluyan ideas, imágenes, sensaciones y emociones. Si, por ejemplo, necesitas escribir sobre un engaño, comienza con una frase como: “Confié en ti, pero…”

Céntrate en un tema

Cuando comencé a escribir La hija de los inmigrantes, sabía cuál era el tema: el momento en que se me partió la vida y tuve que volverme inmigrante somo mis padres. El miedo, la incertidumbre, el estar metida entre dos aguas, el impacto de las historias que se repiten. Esos fueron mis puntos de partida.

Haz una línea de tiempo

Como parte del ejercicio de desenterrar las memorias, construye una línea de tiempo; qué sucedió y cuándo sucedió. Te ayudara a escarbar tus recuerdos y a construir la trama formal más adelante.

Muestra tu odisea

Pinta con palabras el agobio y las dudas. Muéstrate vulnerable. Si pasaste un divorcio, escribe sobre la cama vacía, las gavetas abiertas, la sensación de ser un hueco. Ese es el punto de inflexión, el momento de tocar fondo. Usa tus sentidos para pintar los detalles. ¿A que sabe el engaño? ¿De qué color es la tristeza?

Celebra las lecciones

¿Qué aprendiste? ¿Cómo es tu vida después de la noche más larga? Habrá un momento en que, mientras escribes, sonreirás ante la epifanía que descubriste entre tus palabras.  Te lo prometo. Verás que eres más fuerte de lo que pensaste.

Comienza. Eso es todo. Da pequeños pasos pero firmes y constantes. Pronto surgirá la estructura, porque Brené Brown, socióloga estadounidense, sostiene que “un día contarás la historia de cómo sobrellevaste todo aquello que te sucedió, y esa historia será la guía de supervivencia de alguien más”.

Me encantaría que compartieras tu percepción y comentarios sobre este proceso de comenzar a escribir y crecer.

Pequeñas victorias

A ver cómo comienzo a escribir este artículo…

Hay días en que nada de lo que escribo me parece digno de ser publicado. Todo me parece soso o incompleto.

El patrón es el mismo:

a. Una idea para un cuento o artículo me acelera el corazón y me eriza las neuronas.

b. Tomo notas, construyo un bosquejo y me lanzo a escribir. Me gusta, me digo sonriendo, mientras mis dedos tratan de teclear a la velocidad de mis pensamientos.

c. Descanso unas horas, quizás unos días. Cuando, finalmente abro el documento y comienzo a leer lo que escribí, se me desinfla el alma; mi idea inicial se ha transformado en otra cosa, un patuque de algo que reconozco solo de manera vaga. Corrijo por aquí, borro por allá, pero mi censor interno comienza a reirse de mí.

d. Borro lo escrito y me voy a lavar los platos. Caso cerrado. Olvidado y aplastado.

e. Me siento miserable por algunos días.

f. Trato de nuevo como ararstrando los pies.

Hay un diagnóstico para esa condición. Se llama Síndrome del Impostor, un patrón psicológico por el cual una persona es incapaz de interiorizar sus propios éxitos y sobre todo, sus habilidades. Es la negación absoluta de la autoestima, y mata más manuscritos que el cáncer a la gente.

Sé que necesito superarlo, así que, dispuesta a masajearme el ego, encontré un ejercicio en la imprecisa sabiduría de las redes, y comencé a escribir en mi diario una lista sobre aquellas cosas que he logrado en la vida. Recordé muchas de aquellas grandiosidades: terminar una carrera, casarme, la compra de la primera casa, el nacimiento de mis hijos, el proceso de emigrar a un país extraño. El problema es que, cuando ando de malas vibras rondándome la cabeza como moscas, todo aquello suena titánico y dificil. Me asusta no poder volver a lograr nada de ese calibre. Así que, hay que volver a lo pequeño, a lo elemental.

Mi pequeña (gran) victoria de esta semana fue escribir un cuento para un concurso. La victoria no radicó en escribir el cuento, sino superar el terror de exponerlo en una plataforma pública. Un solo escrito, que, cuando me atacaron las ganas de reeditar ad nauseam, lo publiqué. Sin mirar atrás y sin flagelarme, recordando la coma o tilde que perdí. Confieso que han habido momentos de ansiedad, pero luego me digo, «es solo un escrito, es solo un concurso. Hay otros más».

Escribir es una práctica, mejora cada vez que la ejercitas. Sobreponerse a los obstáculos, sobre todo los autoinfligidos, también lo es.

¿Cuál es tu pequeña victoria de hoy?

El ensayo personal

Buscando balance

Hay tantas cosas que no entiendo. Me agobia tanta polaridad, tanta injusticia, tanta violencia. El mundo esta cada vez más dividido, cada vez más inseguro. Cada persona parece aferrarse a sus dogmas como una tabla de salvacián con la que le darán palo a quien piense distinto.

Siendo mujer e inmigrante, pertenezco a esos grupos vulnerables a quienes han pisoteado por siglos. Digo vulnerables pero ser mujer requiere fuerzas casi sobrehumanas para llevar a cuestas a hijos, familia, trabajo y encima, ser inmigrante anda uno purgando nostalgias e incertidumbres, todo con mucha templanza, arrojo, paciencia y dignidad. Escribir sobre esas experiencias personales revuelve mucho, escarba costras.

Escribo para descubirir lo que estoy pensando, lo que estoy mirando,

lo que veo y lo que significa

Joan Didion

Entonces descubrí el género del ensayo personal. Crear un ensayo personal es como intersectar tu autobiografia con periodismo. Es un texto de descubrimiento, de reflexión quizás sin el drama de una novela. No quiere decir que no sea emocional, porque cuando uno revuelve sus pensamientos sobre un determinado tema, surgen sensaciones, dudas y epifanías. El ensayo personal es un arte lento que requiere valentía para exponer lo que uno va descubiriendo, sobre todos si va en contra de lo aprendido como cierto durante toda la vida.

Por ahora, solo practico, por eso se llama ensayo. Es una practica, es explorar nuevas técnicas y puntos de vista. Una forma de desentrañar un tema sobre el cual tengo convicciones profundas y explorar el contrario, no para solidificar la piedra de mis creencias, sino para aprender a ponerme en los zapatos del otro. Es una forma de parar esta polarización en la que vivimos.

Sé que hay temas, como la dictadura en Venezuela, el narcotráfico, la muerte de niños indígenas a manos de la Iglesia, que no tiene visiones alternativas posibles. Pero hay otros como: aferrarme a lo seguro, aprender a deslastrarme de lo material, explorar lo que siento sobre la muerte, la profesión y la emigración, que valen la pena explorar, comprender y ampliar.

Le he dado vueltas a La hija de los inmigrantes durante mucho tiempo, al punto de que he querido engaventarla y seguir con mi vida. Descubrí que necesito encontrar una distancia saludable de esas emociones duras que las memorias te revuelven. Espero ahora darle otro cariz, más reflexivo y menos doloroso.

Deséenme suerte…

Dia 2: país en guerra

«Busqué un solo indicio para quedarme. Venezuela se caía a pedazos sin que yo pudiera hacer nada al respecto, por lo que dejar todo atrás y emigrar se convirtió en mi batalla más sabia. Me atormentaba lo escurridiza que era la democracia, lo desmedida que era la maldad, lo impreciso que era el futuro. Me angustiaba el lavado de cerebros y el secuestro de las almas para el servicio del régimen disfrazado de patria.»

E.P. Roostna

Este es un pedacito de mi libro «La hija de los inmigrantes» que ando escribiendo. En él he vaciado mis recuerdos y mis razones para emigrar de Venezuela. He pintado con palabras a un país que estaba en guerra consigo mismo y nosotros, sus habitantes éramos, sencillamente, peones en un gran ajedrez maligno.

Hoy escribirás sobre cómo era tu lugar, en vías de extinción. No son necesarias las bombas o los ejércitos marchando en los pueblos. A veces, la ignorancia, la pobreza, la falta de educación, la indiferencia también forman batallas arduas y perdidas.

Respira y date permiso para purgar esas memorias. Ten paciencia contigo mismo. Trátate con amor y calma.

Escribe sin editar ni pensar durante 20 minutos para comenzar. Solo deja que tu mano fluya desde tu mente, a través de tu pluma al papel.

Descarga aquí para revelar tu tarea de hoy.

Cuéntame cómo era tu país en guerra.

Todavía…

Me encanta la palabra “Todavía”, pues en ella hay la promesa de lo que aún está por suceder o por venir. Una sola palabra puede cambiarte la perspectiva. «Todavía» es una de ellas. Te permite ver las cosas con posibilidades y creatividad.

Te explico: No digas, “No sé escribir”. Di “No sé escribir todavía”. ¿Viste cómo cambian el tono y las posibilidades?

La Real Academia Española la define como:

1. adv. Hasta un momento determinado desde tiempo anterior. No he escrito mi novela todavía.

2. adv. Con todo eso, no obstante, sin embargo. Es muy ingrato, pero todavía quiero hacerle bien.


«Todavía», no solo es persistencia, es aprendizaje y generosidad contigo mismo.

Así que, te propongo un reto…algo que te dé un poquito mas de perspectiva, y sobre todo, muchas ideas. Piensa en todas esas cosas sobre las cuales quisieras escribir y que no has podido. Puede ser un cuento sobre una muñeca de tu infancia, o un ensayo personal sobre cómo te adaptaste a una nueva cultura tras emigrar, o una novela sobre cómo sobreviviste a un accidente. En fin, hay tantas opciones como neuronas tengas (que son muchísimas).

OJO: ¡No importan las razones o excusas! Aquí no juzgamos ni a nosotros mismos… ¡PORFA!

El objetivo de este reto es que comiences a llevar tus deseos y sueños a la página. Haz una lista en tu cuaderno o diario. Escribe la idea cada vez que ésta te asalte. Eso es todo. Comenzar…

No olvides de contarme sobre algunas de tus anotaciones.

¡Me encantaría leerte!

Como pequeña letanías

Me puse a jugar con las palabras y esto fue lo que resultó.

El regocijo de volar
El miedo de aterrizar
La sonrisa de acariciar
La raíz de cantar
La sed de escapar
El hambre de anidar
El insomnio de creer
El dolor de juzgar
El instinto de soñar
El calvario de dudar
El milagro de despertar
El temor de mirar
El deber de llorar
Las ganas de rozar
El placer de descubrir
La esperanza de besar
La tristeza de no saber
La duda de ser
La agonía de no ser
El orgullo de recordar
La fortuna de olvidar
La delicadeza de perdurar
La necesidad de escribir

Escribe tu batalla

Escribir sobre tus experiencias, sobre todo si te han marcado, te ayuda a procesarlas, a entenderlas, a darles un cariz de lección y aprendizaje más que de castigo. Tendrás mejor perspectiva, crecerás y superarás…pero sin la culpa pegada a la vivencia. 

Te lo prometo…

Provocando palabras / Febrero 2021

Hay palabras o frases que empujan a escribir; pequeños apuntes que son semillas para un texto. Estos ejercicios te ayudarán a desatascarte cuando no sepas qué escribir; te abrirán la imaginación y te disolverán el miedo a la página en blanco.

Las reglas son muy fáciles:

1. La más importante: No hay reglas. Cero gramática, cero ortografía. Solo tú y tus palabras. No tienes que enseñárselas a nadie.

2. Mira la palabra o frase para cada día del mes. El orden es solo una sugerencia. Si hoy es 11 de febrero y te llama la atención la frase del 15, haz la del 15… ¡no hay rollos!

3. Deja que te ataque una imagen, una idea.

4. Escribe durante 10 minutos. No edites, no revises. Solo deja que la pluma en tu mano se deslice por el papel. Si al cabo de ese tiempo, todavía quieres seguir escribiendo, hazlo.

Los temas de febrero son el amor y el desamor. Aquí está el archivo para que te inspires

¡Feliz pluma!📝🎉📝🎉📝🎉📝

PD: No olvides de compartir tu experiencia en los comentarios abajo…

Solo tú…

Has vivido, has amado, has cumplido tu parte, has fallado y te has levantado. Has sido esposa, madre, hija, compañera, amiga, hada, bruja, y pare de contar… Muchos te han acompañado en tu travesía por la vida, personajes importantes y algunos impostores, pero todos te dejaron algo que te ha definido, aun sin querer. Eres hermosa en todas tus formas y el mundo necesita tu historia, pues, como dijo Ángeles Mastretta “somos aquello que dejamos en otros”.

Estás compuesta de muchos pedazos. Algunos regados, otros en tus manos. Si escribes, podrá pegar todas esas maravillosas piezas que componen ese rompecabezas que eres. Poner tu vida en un papel te ayuda a descubrir que también estás hecha de capas que has construido para esconder aquello de lo que te avergüenzas o lo que te agobia. ¡Basta de esconder tu magnificencia!

En los relatos que lees o escribes, descubres el camino ya andado por otras antes de ti y forjas uno nuevo y propio para las que te seguirán.

La guía “Escribe tu historia” te ayudará a organizar la marañita que tienes en la mente. Búscala en el enlace de mi bio, como un regalo para ti.

Abracitos,

Erika

¿Quién dijo miedo?

Estos son tiempos de temor e incertidumbre. Nuestro cerebro está en punto de ebullición, confuso y nebuloso. Te entiendo; estoy en ese mismo punto. A veces, hasta tengo dudas de lo que escribo, miedo que mis textos pasen al olvido, que a nadie le interesen, pues hay tanto que nos agobia en este mundo caótico. 

Pero, ¿sabes qué? Escribo de todas maneras, lo hago con miedo, porque cada palabra, cada línea, cada idea significan mucho para mí. Es en esa vulnerabilidad que consigo mi verdad, porque he aprendido que la  verdad nunca es nuestra enemiga, aunque a veces, nos encabrone…

Si tienes miedo de escribir, anda, siente el miedo, y hazlo de todas formas.

Cuéntame… ¿a qué le temes?

PD: Atenta, que pronto sabrás que no es tan difícil escribir, pero es una labor de amor (propio)…