Reinventar aventuras

Nací con el gen del Wanderlust, y en medio de esta pandemia, ha sido muy jodido sufrir de esas ansias irremediables de agarrar mi mochila y perderme en tierras lejanas, cuando todo lo que puedo hacer es mirar por la ventana a que llegue mi nuevo paquete de Amazon.

Confieso que ya tengo un viaje en mente, con presupuesto, itinenario y demás, esperando la gloriosa venida de tiempos mejores; quiero creer que no es esperanza inútil, es planificación prudente. Así que mientras espero, encontré una alternativa: tours virtuales. !Sip! como lo leen. Es una página web llamada http://www.heygo.com, donde se organizan paseos a sitios a los que sueño conocer algún día.

Tienen 1872 tours en vivo, en más de 341 localidades, conducidos por gente del lugar, con quienes puedes interactuar y hacerles preguntas. No solo son visitas organizadas a un mercado en Marruecos o al castillo de Sintra, también puedes aprender a cocinar una Moqueca Bahiana directamente desde Salvador, aprender del turbulento pasado de Maribor, Eslovenia o bailar salsa en Cartagena. Hasta puedes crear tus propias postales para la posteridad. Sí, sé que quizás no puedo tocar, sentir, oler esas experiencias, pero es una forma de reinventarlas. Y eso es lo que importa.

Si hay algo que esta pandemia me ha enseñado, es que podemos cambiar y adaptarnos a todo aquello que nos lance la vida. Nos lo debemos a nosotros mismos…

Ver las experiencias con un cristal diferente, me ha ayudado a rescatar mi creatividad, en vías de oxidación. Hacer algo diferente y positivo, me aleja de las noticias de muerte y desesperanza que me agobian los días y me espantan las noches.

Prueba hacer un viajecito desde tu cama y escríbeme una postal…

Provocando palabras Enero 2021

Bienvenido el 2021, y con él nuevas reflexiones e historias. Aquí encontrarás la lista de puntos de inspiración para cada día del mes, pequeños apuntes que son semillas para un texto. Estos ejercicios te ayudarán a desatascarte cuando no sepas qué escribir; te abrirán la imaginación y te disolverán el miedo a la página en blanco.

Las reglas son muy fáciles:

1.       La más importante: No hay reglas. Cero gramática, cero ortografía. Solo tú y tus palabras. No tienes que enseñarselas a nadie.

2.       Mira la palabra o frase para cada día del mes. El orden es solo una sugerencia. Si hoy es 11 de diciembre y te llama la atención la frase del 15, haz la del 15… ¡no hay rollos!

3.       Deja que te ataque una imagen, una idea.

4.       Escribe durante 10 minutos. No edites, no revises. Solo deja que la pluma en tu mano se deslice por el papel. Si al cabo de ese tiempo, todavía quieres seguir escribiendo, hazlo.

¡Feliz pluma!

PD: No olvides de compartir tu experiencia en los comentarios abajo…

Cansada

Desperté con el chillido del reloj y me levanté como pude. Otro día más de pandemia. Arrastré los pies hacia el baño y me lavé la cara. Hice café y encendí la computadora; pestañeé ante la pantalla titilante y blanca. Escribí una palabra, la borré. Un vacío que no podía llenar a pesar de romperme la mente, de buscar mi cuadernillo de notas, de hurgar mi archivo de escenas, de mirar una y otra vez las fotografías de mis personajes.

Sucede, siempre sucede…las razones son variadas: miedo, ansiedad, caos, comienzos y finales. Es ese crítico interno, saboteador que vive en mi pecho y me susurra que no podré escribir nada que valga la pena, que trata de robarme todo sabor de pluma y papel.

Entonces, busqué consejos sobre cómo combatir ese bloqueo al que inevitablemente llegan los escritores y al que tanto temen. Leo y leo: Que si ten un espacio para escribir, que si establece una rutina, que si debes comenzar con ejercicios que te revuelvan la creatividad, que si trabajar en más de un proyecto para evitar el aburrimiento, que si debes practicar yoga, meditación, borrachera, bla, bla, bla…y no seas tan duro contigo mismo.

Hoy acepto que no puedo escribir si ando maltrecha; que, a pesar de todo el caos que me rodea, esperaré mejores tiempos y vivir; escribiré tonterías y porquerías en el interim; le hablaré de vuelta al loro que llevo metido en la cabeza sin necesidad de transar con él; haré una tregua conmigo y seré más benévola con mi pasión.

Hoy me perdono no escribir. Mañana será otro día…